Juan Pablo De Santis en La Vereda de Enfrente
-Estaba leyendo la nota tuya. Cuál es la real diferencia entre Alemania y Argentina según los indicadores sociales de la ONU: “En números,
el grado de desarrollo humano de ambos países, y de sus necesidades básicas
insatisfechas bajo la lupa, de las estadísticas de las Naciones Unidas”. Pero por
allí planteás que, para algunas cosas, nosotros no somos confiables ni siquiera
en las estadísticas.
Sí, todo empezó por la polémica de ayer, cuando la
Presidenta dijo que el índice de pobreza en Argentina era inferior al 5%. Se estaba
refiriendo al último dato que había dado el Indec en el primer semestre del año
2013. Recordemos que, desde ese momento, se dejó de publicar datos, hoy no
sabemos cuánto e s la pobreza en Argentina, al menos oficialmente. Bueno,
entonces ayer lo que decíamos es que, bueno, si el gobierno maneja ese índice,
menor de 5%, tenemos menos pobres que Dinamarca. Argentina está en una
situación más holgada que Dinamarca en materia de desarrollo humano. Bueno, hoy
el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, en las radios porteñas le preguntaron por
los dichos de la Presidenta y, por decirlo de algún modo, como que redobló la
apuesta. Digo: “Bueno, pero estamos mejor que Alemania, porque el instituto de
estadística federal de Alemania dice que la pobreza es del 15%”. Hablar de
pobreza en economía es un tema muy complejo, básicamente por dos razones. Primero,
de qué nivel partís para considerar que alguien es pobre.
-Cuál es el cero, ¿no?
Claro, qué considerás que es pobre para vos. Eso varía según
los diferentes países, y cómo se reproduce esa variación según como lo midas. Es
decir, la pobreza que se mide en Alemania se mide de otro modo respecto a La
Argentina. Como para diferenciarlo muy rápido: en Argentina se define una
canasta de ingresos, entonces todos los que ganan por debajo de esta línea son
pobres; y en Alemania eso no sucede, porque si se utilizara esa medición, la
pobreza daría cero.
-Todo el mundo tiene para comer.
Todo el mundo tiene para comer y no hay gente que tenga
necesidades básicas insatisfechas, como acá. Entonces se mide de otro modo. Del
ingreso medio de la economía, los que están por debajo de ese ingreso medio se
los considera pobres. No porque sean personas con necesidades básicas
insatisfechas, si no que básicamente, porque no logran un mínimo de ingresos
como para no necesita la ayuda del Estado. Esa es la diferencia de medición que
hay entre La Argentina y Alemania.
-Pero vos das un par de datos en la nota que, la verdad, me
asustan. Inflación anual, nosotros estamos en un 27, y la inflación anual
alemana es 0.7. Menos de 1. Es muy difícil la comparación.
Justamente, para evidenciar la diferencia que estoy
comentando, hagamos una tabla y mostremos en números duros, cuáles son las
diferentes realidades sociales que hay en Alemania y en Argentina. Básicamente,
esa es la nota. Una de las mejores formas de medir la pobreza de modo uniforme
en todo el mundo es el índice de desarrollo humano que hacen las Naciones
Unidas.
-Porque ese ni siquiera es partidario.
No, lo hacen las Naciones Unidas. Todos los países que son miembros,
las Naciones Unidas toman los datos oficiales, o los trabajan de cada país, y
hacen un índice. Si el índice te da cero tenés la igual perfecta. Si te da uno,
tenés la desigualdad absoluta. En ese índice Alemania está sexto, y Argentina
está 49. Entonces, si querés ver otras diferencias sociales entre los dos país,
por ejemplo, en Alemania la gente en promedio vive 4 años más que en Argentina.
La gente, como vive mejor, vive más años. La mortalidad infantil es 10 veces
menos; se gasta tres puntos más del PBI respecto a Argentina en educación.
-Acá hay un dato que también, no sé si está bien chequeado
acá. Ojalá que no, que sea menos. Madres adolescentes, porque eso también es un
indicador de cómo se está desarrollando la sociedad, ¿no?
Bueno, en el índice de madres adolescentes, de cada mil
nacimientos que hay en Alemania, 3,8 son de madres adolescentes; en Argentina,
de cada mil, 54. Es bajo ese número a nivel internacional. Pero Alemania tiene
ese indicador 20 veces más bajo. En el único dato donde estamos mejor es en la
cantidad de mujeres que son legisladores.
-Será que la ley Manzano fue útil. Será eso.
Debe ser eso.
-Lo que me pregunto, Juan Pablo: ¿es posible sostenerlo con
estos números, como vos decís muy bien, duros y claritos, a Aníbal Fernández?
¿No habrá sido una broma?
No, yo no creo que haya sido una broma. Él es una persona
muy inteligente, sabe perfectamente de lo que estaba hablando. Y él sabe,
efectivamente, a qué se está refiriendo. Lo que dijo esta mañana, no sólo es
falso, sino que él sabe perfectamente que es falso. O sea, es completamente
absurdo e incomparable. A mí incluso me preocupa más que alguien que se postula
para gobernar una de las provincias que tiene uno de los mayores dramas en Argentina
de bolsones de pobreza y exclusión social, que es la provincia de Buenos Aires,
tenga esta clase de pensamiento. Peor todavía me parece lo de Dinamarca. Realmente,
porque Dinamarca y Noruega son dos países que conozco, que visité, de hecho
escribí un informe hace dos años sobre cómo funciona la economía nórdica, en particular
la noruega, y la pobreza, como se la interpela en La Argentina, con amplios
niveles de necesidades básicas insatisfechas, personas que no acceden a
servicios básicos, u altas tasas de inseguridad en determinados lugares, allá
directamente no existen. Es más, cualquier persona de tus oyentes que vaya a
Oslo en algún momento de su vida, su es que tienen la posibilidad, que se tomen
cualquier subterráneo que termina en el extremo este de la ciudad, que es el
más pobres, que te lo caracterizan como el más pobre, que se bajen y me cuenten
si eso es pobreza. Claramente son dimensiones completamente diferentes, pero
muy diferentes entre lo que una alemán puede considerar para sí mismo qué es
pobre respecto a lo que se considera en Argentina. Y te repito el último
concepto: en Alemania se considera pobre a alguien que no logra reunir
suficientes ingresos para valerse por sí mismo, no que tiene sus necesidades
básicas insatisfechas. En Argentina, una persona pobre es una persona que no
llega a comprar lo mínimo que necesita para vivir durante un mes. Para decirlo
de un modo más común.
-Con esto de los países nórdicos, lo que se me aparece es
esta pregunta: hay allí un desarrollo de –comillas- socialismo entendido de un
modo diferente a como en los países centrales de Europa y, de hecho, acá en Latinoamérica
se entiende por socialismo o se entiende por –comillas otra vez- progresismo.
¿Es posible marcar esta diferencia y pegar una cachetada a los que se dicen
progresistas dentro del kirchnerismo?
Mirá, te lo planteo de este modo: hoy, la pobreza en las
Naciones Unidas y los que trabajamos en investigación de temas de economía del
desarrollo humano, ya no se habla más de la pobreza como un fenómeno económico.
Si es un fenómeno multidimensional. ¿Esto qué quiere decir? Si el problema de
la pobreza fuera repartir dinero, le enviamos un cheque a toda la gente pobre y
la sacamos de la pobreza. Bueno, evidentemente no es así. La diferencia que vos
está marcando respecto a los países nórdico y economías de Europa, hoy las
teorías más actuales, hablan de generación de instituciones o de reglas de
juego inclusivas para las personas en el sistema económico en diferentes países.
Un país, cuanto más reglas inclusivas genera, más desarrollado humanamente
tiende a ser. Es un proceso complejo y no es un proceso que se desarrolla en
cuatro o cinco años. A Noruega le tomó 50 años. En la década del 60 Noruega era
más pobre que Portugal. Y eso que Portugal está caracterizado como uno de los
países más pobres, junto con Grecia hoy, de Europa Occidental. Bueno, hoy es el
país más desarrollado del mundo. ¿Qué hizo? En el momento que descubrieron
petróleo se pusieron de acuerdo muy bien qué querían hacer con la renta;
estaban sacando de una actividad completamente extraordinaria, como es la
actividad hidrocarburífera. Pero cuando en un tejido social no hay acuerdos
básicos sobre cómo distribuir los ingresos, cómo apropiarse de los recursos y
qué hacer con el dinero público, básicamente, eso habla mucho del nivel de
instituciones inclusivas o exclusivas que puede haber en una sociedad. Cuantas
más personas se incorporan al desarrollo económico en igualdad de condiciones,
esa situación, a lo largo de los años, tiende a ser bajar las condiciones
estructurales de desigualdad en un determinado territorio.
-¿Habrá algún modo de abrirle la cabeza a muchos dirigentes
y estos conceptos metérselos, como para que en los próximos 20 años la intención
sea honestamente hacia ese camino?
Te diría que no es una cuestión de únicamente la dirigencia
política. Es una cuestión que cruza trasversalmente a toda la sociedad. La dirigencia
política no es más que el reflejo de una opinión mayoritaria en un sistema
social. Es decir, si la gente, o sea, el electorado, vota a determinados funcionarios,
que luego terminan acaparando diferentes lugares en la administración pública, eso
solamente es reflejo del resto. Es decir, no es un problema solamente político.
Es un problema político, cultural, social, en donde los acuerdos sobre cómo
gestionar la sociedad no tienen que ir solamente en el carril político, tienen
que ir también en el carril desde cómo se gestiona la cultura, cómo se
desarrolla el emprendimiento privado. Es muy amplio. Yo, en mi caso, por
ejemplo, escribí un informe sobre el desarrollo económico de Noruega y Noruega
es un país que tiene condiciones muy particulares en su desarrollo. Por ejemplo:
jamás estuvo gobernada por una elite. Y la misma sociedad civil trató de
repeler, por ejemplo, a los colaboracionistas nazis que invadieron durante la
Segunda Guerra Mundial. Eso es un ejemplo admirable, realmente, de solidaridad,
la propia historia de ellos. Somos muy diferentes nosotros a ellos. Es cierto, culturalmente,
cómo estamos organizados, cómo estamos estructurados, pero eso no impide ir
avanzando en la mejora de ciertos aspectos puntuales sobre cómo se gestiona los
recursos. Por ejemplo: en la lucha contra la corrupción, es un aspecto central sobre
cómo se gestionan los recursos de una sociedad.
-La lucha contra la corrupción, y nuestro problema, que es la
corrupción estructural, lo que podríamos hacer entonces, Juan Pablo, es llorar,
porque es muy difícil eso, ¿no?
No me parece realmente que haya que llorar. A mí me parece
realmente que hay que ocuparse. Lo que pasa es que, cuanto más desigualdad… A
ver, la desigualdad es como un bumerang, ¿no? Cuanta más desigualdad tiende a
haber en un territorio, generalmente, más corrupción suele haber. Esto está investigado
y es así en el mundo. Y no sólo en Argentina. En cualquier país que vos tomés
del globo terráqueo, fíjate el desarrollo humano de la ONU, los más desiguales
-compará con cualquier indicador de corrupción-, mayor nivel de corrupción
suele haber; y en los países más igualitarios en tanto desarrollo humano, menor
nivel de corrupción tiende a haber. Lo que pasa es que las instituciones que
rigen la vida de una sociedad no tienen solamente que ver con el plano político
o económico, tienen que ver integralmente sobre cómo se organizan y cómo
piensan diferentes territorios. Entonces, desde el punto de vista de la
dirección del Estado esforzarse por reducir la desigualdad es un excelente
herramienta para, en el futuro, bajar los niveles de delito, corrupción, inequidad
de género, diferentes indicadores que pueden hacer la vida social.
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